Un muleño entre los héroes de Baler. Los últimos de Filipinas

Un muleño entre los héroes de Baler

Los últimos de Filipinas

         El pasado 4 de marzo de 2017, con motivo del 140 aniversario de su nacimiento, se rendía homenaje y reconocimiento merecido a Luis Cervantes Dato, uno de los 33 héroes superviviente de la iglesia de Baler en Filipinas. Entre los actos más destacados: presentación del libro biográfico, “Luis Cervantes Dato, héroe de Baler. Los últimos de Filipinas”, traslado de sus restos mortales al panteón de Muleños Ilustres e inauguración de un monolito en su honor.

     CAM01135Luis Cervantes, bracero de profesión, es llamado a filas el 6 de mayo de 1896. En un primer momento presenta un justificante médico para evitar la mili. De poco le sirvió, fue citado para el 11 de junio. El único justificante que valía en aquella época era el de un padrino poderoso o las 2000 pesetas de rigor si querías eludir el servicio militar y endiñárselo a otro. El 1 de noviembre jura bandera y el 8 parte con su Batallón de Cazadores Expedicionarios nº 2 para las Filipinas a bordo del vapor Alfonso XIII. En el mismo, iba el general Polavieja como nuevo Gobernador General de Filipinas. El 3 de diciembre desembarca en el puerto de Manila.

     Cinco días después sale en su primer destino de guerra en la conocida como “Campaña de Lachambre”. Cuatro meses duró esta campaña hasta la conquista de Cavite, con grandes batallas en iba y Silang donde nuestro héroe salió ileso en combate. Días después, queda acuartelado con su compañía en el pueblo de López, provincia de Tayabas. Aquí tendría una de las gestas heroicas de Luis Cervantes. El 23 de abril, el teniente Darío y los cuatro cazadores que quedaban en el destacamento, entre los que estaba el muleño, sufren una emboscada de 190 tagalos. Tras un duro combate a bayoneta, los insurrectos katipuneros son rechazados y huyen dejando 130 bajas entre muertos y heridos. Los cazadores, tanto el teniente como el muleño y sus compañeros, resultaron heridos. Esta gesta le haría merecedor de su primera cruz de plata con distintivo rojo al mérito militar y pensionada con 7,5 ptas.

         La siguiente hazaña de Luis Cervantes tiene lugar en Pantubig. El 6 de agosto, sale en ferrocarril formando parte de la expedición comandada por el teniente coronel, Segundo Pardo Pardo que acude en socorro de la guarnición del pueblo de San Rafael, cabecera de la provincia de Bulacán. En esta columna iban Cervantes Dato y Martín Cerezo. Al día siguiente, a su llegada a San Rafael, el destacamento estaba cercado por más de 2000 insurrectos. Los tagalos, atrincherados en el puente de entrada al pueblo, conocido como Pantubig, esperaban a las tropas españolas que venían de refuerzo manteniendo un duro enfrentamiento en dicho puente. Finalmente, el Batallón de refuerzo y el destacamento del pueblo consiguen derrotarlos huyendo estos dispersos ante la superioridad de la tropa de Cazadores. En su huida, abandonan la carga de alimentos y otros suministros que habían acopiado en el pueblo. Los insurgentes sufrieron al menos 350 bajas entre muertos y heridos, 125 fueron enterrados por las fuerzas leales. Este combate le valió a Luis y sus compañeros una medalla de reconocimiento al mérito militar.

       Tras unos meses combatiendo por otras provincias, se firma la paz entre España y la Liga Revolucionaria del Katipunan el 14 de diciembre de 1897. Luis Cervantes es destinado junta a 49 compañeros más y dos oficiales del 2º Batallon al pueblo de Baler en el Distrito del Príncipe. A esta expedición se unieron un teniente médico y tres sanitarios, más el cura de la parroquia. El 12 de febrero de 1898, el destacamento hace su entrada en Baler para relevar a la compañía del capitán Roldán. Poco a poco, la normalidad se va haciendo en el pueblo y los soldados españoles viven unos meses de cierta tranquilidad con los balerenses.

         La declaración de guerra de los Estados Unidos a España el 21 abril y la derrota naval dePORTADA3 - copia la flota española en Cavite el 1 de mayo, sería el comienzo de relanzar de nuevo la insurrección tagala con el apoyo yanqui. A mediados de junio, el teniente Cerezo comienza a sospechar de los nativos y el 27 de junio el pueblo de Baler amanece abandonado. Los balerenses han huido llevándose todo lo que pudieron, alimentos, la ropa de recambio de los soldados y hasta el baúl del cura con dinero. El destacamento traslada todo el armamento,  aperos y comida a la iglesia, fortificándola a la espera de lo que se les venía encima. En los dos días siguientes hay cuatro desertores, dos soldados españoles y dos sanitarios indígenas. El día 30 en una descubierta del teniente Cerezo con catorce soldados, reciben una emboscada de los tagalos retrocediendo hasta la iglesia resultando herido un soldado, desde ese momento quedaron sitiados. Dentro se encerraron el C.P.M. capitán De las Morenas, el teniente 1º Alonso Zayas, el teniente 2º Martín Cerezo, 48 cazadores, teniente médico Alonso Vigil y un sanitario y el párroco de la iglesia, en total 54 españoles.

     Por venir quedaban 337 días de asedio continuo por parte de las tropas tagalas, con incesantes disparos de fusilería y cañón y varios intentos de quema de la iglesia para lograr su rendición. Numerosos parlamentos y envío de misivas diciéndoles que España había entregado la soberanía de Filipinas a los americanos para que capitularan y no alargasen más el sitio. A medida que pasaban las semanas, pronto comenzaron a faltar alimentos básicos, el aire se hacía irrespirable en el interior de la iglesia y la contaminación se acumula en el patio. Ante este panorama, se coló en la iglesia el peor enemigo del destacamento: el beriberi. En agosto, dos frailes enviados por los insurrectos para convencer al destacamento que entregue las armas, no sólo no los convencen sino que finalmente deciden quedarse en la iglesia a petición del capitán. Con el paso de los meses, las raciones de comida eran cada vez más escasas y el hambre se agudizaba entre los españoles. En diciembre el panorama era desolador, la totalidad de los soldados andaban esqueléticos y ajados por la iglesia. La mayoría estaban enfermos y había que llevarlos a sus puestos de guardia en brazo porque no podían moverse. Muchos ya habían muerto por el beriberi, entre ellos el capitán, 1º teniente y el cura.

     Ante la grave situación que se vivía en la iglesia, hubo una salida a la desesperada el 14 de diciembre, fue primordial para la supervivencia. En una arriesgada operación, quince soldados salieron de su encierro y prendieron fuego al pueblo. Los tagalos salieron huyendo en desbandada. En esta confusión, los españoles aprovecharon para provisionarse de frutos y hortalizas que habían cerca de la iglesia y abrir las puertas y ventanas para renovar con aire limpio y fresco el nocivo que estaban respirando. Con esta operación y la caza de unos búfalos días después, consiguieron aguantar unos meses más. En febrero rechazan el primer emisario español que venía a comunicarles que España había vendido la soberanía, se trataba del capitán Olmedo enviado por el general De los Ríos. Este mismo mes, tres cazadores intentaron desertar siendo sorprendidos en el intento, fueron encarcelados en el baptisterio. En abril vino el fracaso del cañonero americano Yorktwon. En mayo muere el último soldado por enfermedad, en esta ocasión de disentería. Todavía hubo tiempo a final de mes de una refriega trágica para los tagalos. 17 de ellos murieron quemados con agua y a tiros tras intentar asaltar la iglesia la noche anterior.

     DecretoEl 29 de mayo se presenta otro oficial español para convencer al destacamento que depongan las armas. El teniente coronel Aguilar lleva un mensaje del general De los Ríos. Tampoco a este emisario le da crédito el teniente Cerezo. Antes de marcharse, Aguilar le deja unos periódicos a Cerezo para ver si se convencen, esperando respuesta para el día siguiente si no se marchaba. No hubo respuesta. Para la noche del día 1 de junio, el destacamento había planificado la fuga, ya no le quedaba nada que llevar a la boca, sólo munición. Rendición o fuga. Por la mañana de dicho día, el teniente Martín Cerezo ordena fusilar a los dos desertores que tenía en el calabozo desde febrero. No podía llevarlos consigo ya que ponía en serio peligro al resto de hombres. Tampoco dejarlos encerrados porque estos con sus gritos darían la voz de alarma a los tagalos. La noche se presentó muy clara y tuvieron que aplazar la salida para la siguiente. En este tiempo de espera, Cerezo ojea de nuevo los periódicos dejados por Aguilar. En uno de ellos, ve una noticia de un amigo que considera imposible que los tagalos la supiesen y le da crédito a la noticia. El teniente comunica al resto del destacamento la realidad y les pide que capitulen. Hubo discusión sobre capitular o la fuga. Los frailes jugaron un papel importante para que los más remisos a la capitulación cediesen.

     El 2 de junio de 1899, el destacamento español de Baler toca a parlamento y presenta al comandante filipino las condiciones de la capitulación, en las cuales, los españoles no quedarán como prisioneros de guerra. El jefe tagalo está de acuerdo y se firma la capitulación honrosa para los españoles. Atrás quedaron 337 días de miseria, hambre, sufrimiento y muerte. 33 supervivientes, 33 héroes que dieron hasta la última gota de sudor y lágrimas por defender su bandera y un trozo de territorio que creían español. Una gesta de supervivencia y valor en defensa de su patria, que fue reconocida por el mundo entero. El 30 de junio, el propio Presidente de la República de Filipinas, Emilio Aguinaldo, sacó un decreto en reconocimiento por los Héroes de Baler. Esta gesta les valió dos cruces de plata con distintivo rojo y pensionadas.

     Luis Cervantes Dato fue reconocido con tres cruces de plata y una medalla al mérito militar en la guerra de Filipinas. Los héroes de Baler fueron recibidos fríamente por el gobierno español a su llegada a Barcelona. Tampoco fue recibido Luis Cervantes Dato con honores en su pueblo natal, más bien fue frío y sin homenaje. Tan sólo una recompensa de 500 ptas recaudadas en una colecta. Han tenido que pasar 118 años de esta gesta para que su pueblo le reconozca como Héroe de Baler.

Resumen del libro: LUIS CERVANTES DATO, HEROE DE BALER. Mula, 2017. Autores: Jesús Morata Moya y Juan Gutiérrez García.

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2 respuestas a Un muleño entre los héroes de Baler. Los últimos de Filipinas

  1. Anónimo dijo:

    Que gustazo encontrar tu blog. Me siento muy honrado de conocerte y te doy la enhorabuena por tus trabajos en investigación de la historia muleña. Te animo a que sigas en esa línea de la que estás enamorado desde hace muchos años, a pesar de ser un hombre joven, acumulas experiencia por los cuatro costados. Este relato del “héroe de Baler” un placer leerlo. Un abrazo

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