Ni de los Vélez ni de los Bertrán, ¡¡¡el Castillo es de Mula!!!

Castillo de Mula

Castillo de Mula

Ni de los Vélez ni de los Bertrán, ¡¡¡el Castillo es de Mula!!!

          ¿Por qué decimos los muleños que el castillo es nuestro? ¿Por qué pedimos que nos lo devuelvan? ¿Por qué reclamamos su titularidad pública? ¿Estamos legitimados para ello? Veamos.

          Desde tiempo inmemorial, Mula tiene castillo en la cresta rocosa que protege el pueblo de los vientos del norte. El castillo es construido y reformado a lo largo de los siglos con el sudor, sufrimiento y rentas de los muleños adaptándolo a la cultura dominante en cada época. Pensamos, que la primera fortificación en este cerro fue un castellum romano construido a base de mortero de argamasa y piedra por los esclavos nativos para vigilar la calzada romana que unía Begastri con la vía Carthago-Complutum. Aún quedan restos visibles de un torreón y lienzo de muralla de este castellum fuera del recinto musulmán.

          Tras la invasión árabe, hacia el s. VIII-IX, el castellum romano es transformado (Perbellini, 1998) por los sometidos muleños en una alcazaba musulmana de tapial con un gran perímetro de murallas que baja desde la alcazaba para abrazar la medina de Mahula. A principios del s. X, el castillo ya es mencionado en textos árabes. La crónica Alfonsí del s. XIII lo describe así: “… Mula es villa de gran fortaleza y bien cercada y el castillo de ella es como un alcázar, alto, fuerte y bien torreado”.

          Después de la reconquista cristiana, de nuevo los muleños refuerzan las murallas y la vieja alcazaba musulmana de tapial la transforman en un castillo medieval cristiano a base de mampostería y sillares a lo largo de los s. XIV y XV. Todo ello, como ya hemos apuntado anteriormente, a costa de su trabajo, impuestos y parte del botín conseguido en las peligrosas cabalgadas que realizaban por tierras granadinas. Numerosos documentos dan cuenta de ello.

          En mayo de 1520 (Acero y Abad, 1886), el primer marqués de los Vélez, Pedro Fajardo Chacón, lleva a cabo la última reforma del castillo que se prolongaría varios años, según reza en las lápidas incrustadas en sus muros. En esta nueva remodelación, se derriba el muro norte y parte de la torre de la veleta para construir la gran sala de los veladores con recia bóveda de cañón para alojar artillería en su azotea. La torre del homenaje es elevada una planta más. También se derriba el viejo aljibe y se fabrica uno nuevo en sillería adosado al muro este de la torre. Como es sabido, esta reforma sería “costeada” con las rentas que se veían obligados a pagar los muleños a su “señor”.

          Pero no sólo con sus rentas contribuyen los muleños en la grandeza de su castillo. En la Edad Media, muchos dieron su sangre y perdieron la vida por defenderlo en las grandes batallas que se libraron en sus muros. En el año 291 de hégira (903 Gregoriano): “salió Lum Ben Muhammad y fue entrado (…) y el castillo de Mula, y fueron muertos en estos castillos cerca de setecientos elches (cristianos conversos)…”. El infante Alfonso, futuro rey Sabio de Castilla, túvola* cercada grandes días hasta que la entró a sangre y fuego conquistándola en una batalla épica ocurrida el 23 de mayo de 1244 (Escritura de Población, 1306). Repoblada de cristianos, un año después, Fernando III el Santo y su hijo, el infante Alfonso, le concedían fueros y privilegios como villa de realengo prohibiendo que nadie la enajenara de la Corona (Fuero de Córdoba, 1245. A.M.Mula).

          A finales del siglo XIII, tiene lugar el hito histórico más grande jamás realizado por pueblo alguno en este reino. Tras la invasión aragonesa del Reino de Murcia, de nuevo los muleños darían la vida por defender su castillo y murallas frente a las numerosas tropas de Jaime II armadas hasta los dientes con todo tipo de ingenios de guerra. Mula fue la única villa del reino que mantuvo una resistencia numantina al cerco y asedio aragonés que duró más de seis años hasta que los reyes de Castilla y Aragón firmaron la paz (Del Estal Gutiérrez, 1985). Sin duda, estas epopeyas muleñas forman parte de las grandes batallas del Medievo español reconocidas en las crónicas castellanas y aragonesas y jalonan la Historia de Mula. “Allí moraban castellanos” dice la Crónica de Fernando IV.

          Pero un mal día, el 12 de septiembre de 1430, Mula pierde su condición de villa deDocumento realengo pese a que lo prohibían sus privilegios y fueros. Ese día, el muleño Alfonso Yáñez Fajardo II, Adelantado Mayor del Reino de Murcia, presenta al concejo reunido en la iglesia de San Miguel (ermita del Carmen) una albalá del rey Juan II por la cual, donaba la villa y su castillo al dicho Fajardo (GEBETE, caja 6, fol. 13; ADMS, leg. 33). Desde entonces, Mula pasa a ser señorío de la familia Fajardo, futuros marqueses de los Vélez.

          No quedaron muy conformes los muleños con servir y pagar sus tributos a señor alguno. Por ello, veinte y dos años después, en 1452, se apoderan de la villa y castillo con ayuda del “rebelde” Fajardo el Bravo (Torres Fontes, 1943) e impiden la entrada a su “señor”, el Adelantado Pedro Fajardo Quesada, primo del otro. Recuperado cinco años después el control de Mula por el Adelantado Mayor Reino con la ayuda de las tropas de Enrique IV, los muleños quedan nuevamente bajo la tiranía de los Fajardo.

          En 1520 la historia se repite, en esta ocasión con el nieto del anterior. De nuevo, los muleños aprovechando la Rebelión Comunera,  se hacen con el control de la villa y su castillo. Expulsan a los fajardistas* y obligan a Pedro Fajardo Chacón, primer marqués de los Vélez, a firmar en la puerta de Yéchar una serie de puntos si quería entrar en la villa (Sánchez Maurandi, 1956). Los muleños se comprometían a reconocer su señorío a cambio de que éste no se inmiscuya en los asuntos municipales. Cuatro años después, el marqués consigue que el rey Carlos I anule estos acuerdos. Desde entonces, la lucha entre los muleños y el marqués de los Vélez por hacerse con el control de la villa duraría siglos de pleitos hasta la abolición del régimen señorial en 1837.

          Pero, en esta abolición quedó una espina clavada en los muleños: SU CASTILLO. Su propiedad debió volver al pueblo de Mula del que fue expoliado cuatro siglos antes. En esta centuria del diecinueve, el XIII marqués de los Vélez se deshace de sus posesiones en Mula donándolas a su hermano menor. Sería un herederos de éste, Tristán Álvarez de Toledo y Gutiérrez de la Concha, quién vendería todo su legado a Alfonso Chico de Guzmán en 1897. Pero, éste rico hombre de Cehegín no compró en realidad el castillo, sino una porción de tierra donde estaba situada la fortaleza, la cual parece no interesarle mucho. De hecho, no fue inscrita en ese momento en el Registro de la Propiedad de Mula. Sería su nieta, María Concepción Pidal, casada con Bertrán de Lis, la que registra el castillo en 1942 por 250 pesetas. (Gutiérrez García, 2015) Es cierto que el marqués de Pidal, casado con la única heredera de Chico de Guzmán, reparó las bóvedas de las azoteas para evitar su derrumbe (González Simancas, 1905), pero no es menos cierto que el castillo continuó abandonado a su suerte.

          Dada la prolongada situación de ruina y desamparo en que se encontraba la fortaleza, el Ayuntamiento de Mula decide recuperarla allá por los años sesenta del siglo veinte. Con la ayuda, en aquel tiempo, de Bellas Artes es restaurado  en la década de los ochenta con una inversión pública cercana a los 150 millones de pesetas. A falta de su musealización, en diciembre de 1989 el castillo abre sus puertas a la ciudadanía. Apenas si había pasado un mes de su apertura cuando, la familia Bertrán de Lis y Pidal inscribe el inmueble en el Registro de la Propiedad y reclama su dominio al Ayuntamiento. Tras una década de reclamaciones, pleitos y apelaciones, en 1999 el Tribunal Supremo sentencia a favor de los Bertrán. Este fallo del Supremo se convierte en una condena para el castillo, ya que, en ningún momento los nuevos propietarios se hacen a cargo de la fortaleza, ni tan siquiera se dignan a hacer acto de posesión. Su intención no es otra que hacer caja, cuenta de ello da la prensa de la época.

          Poco le importa a esta gente la HISTORIA Y EL SENTIR MULEÑO, más bien nada. Pero el pueblo no se resigna a perder su castillo sin pelear. Se niega a seguir viendo como su símbolo de identidad, su leyenda, se desmorona ladera abajo, piedra a piedra, sillar a sillar. Los muleños no quieren asistir impasibles, inmunes a tanta humillación y menosprecio. Por mucha “Grandeza de España” que tenga uno, el Pueblo de Mula no es “feudo” de nadie, ni sus ciudadanos vasallos de “señor” alguno.

          LogoAnte tanta incuria, ante tanta ignominia, muchos siglos después, nace la Plataforma Ciudadana MULA POR SU CASTILLO para recoger el testigo de aquellos aguerridos muleños dispuestos a dar su… tiempo libre (y algo más) para devolver al castillo y Pueblo de Mula la dignidad que merece. En esta ocasión, los muleños no empuñan las armas, con la Ley del Patrimonio 4/2007 de la Región de Murcia y la Constitución en la mano, la Plataforma exige a la Administración Regional medidas urgentes contra sus propietarios para restaurar y musealizar* el castillo. Fuerza y honor es su lema, no descansarán hasta conseguir que se haga justicia con el Castillo de Mula.

          Es posible que todo un pueblo esté equivocado, o no. Pero después de tantos siglos de sacrificio para construirlo, de tanta sangre derramada por defenderlo. Después de tantos tributos pagados para consolidarlo y reformarlo a lo largo del tiempo. Después de recuperarlo del abandono más absoluto. Después de tanta humillación, ¿no es de justicia que el castillo sea de los muleños?

Mula, 2 de marzo de 2016

Juan Gutiérrez García.

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