La última batalla.

 

«Si, la significación del momento histórico es mantener viva la memoria de las civilizaciones antiguas y los hechos notables pasados, así el Castillo de Mula no debe ser, sino consecuencia de lo que ha sido y el Ayuntamiento como representante del pueblo debe adquirir este venerable monumento de los muleños y cuidarlo y conservarlo a perpetuidad, para enseñar a propios y extraños esta fortaleza de otros tiempos, símbolo y reliquia de hazañas heroicas y motivos de orgullo de un pueblo que, como el nuestro, tan limpiamente ha intervenido en las causas y empresas de nuestra amada Patria.»

Mula año 1932

ANITA ARNAO GARCÍA

 

LA ÚLTIMA BATALLA

LA NUEVA RECONQUISTA DEL CASTILLO DE MULA

     Todo parecía ir bien… La campaña iniciada en los años sesenta por Gea Rovira en la prensa regional[1] para la restauración del Castillo surte efecto unos años después. A principios de los setenta las autoridades locales comienzan a mover el asunto. En un principio se habla de la posibilidad de construir un parador en el Castillo, finalmente se recurre a Bellas Artes para restaurarlo y ponerlo en valor. Las obras se llevan a cabo en tres fases y finalmente se abre al público a finales de 1989. Incluso se ruedan varias películas y una serie de tv en su entorno.

          Pero… Unas pocas semanas después, en una fría mañana de enero de 1990,  los muleños se despiertan con una noticia sorprendente: nueve vecinos habían registrado a su nombre el Castillo de Mula.[2]  La noticia corría de boca en boca entre los lugareños como un reguero de pólvora. No daban crédito a la noticia, siempre pensaron que el Castillo pertenecía al pueblo. Pero no eran vecinos de Mula, ni lo fueron nunca. Son nueve hermanos apellidados Bertrán de Lis y Pidal, herederos de María Concepción Pidal Chico de Guzmán,[3] hija de marqués de Pidal y Cristina Chico de Guzmán, dueños de la finca “El Carrascalejo”.

          De nuevo la historia se repite. 560 años después, el Castillo vuelve a ser enajenado del pueblo. En aquella ocasión, 12 de septiembre de 1430, fue por donación real de Juan II a Alfonso Yáñez Fajardo II, Adelantado Mayor del Reino de Murcia. En ésta, aunque parezca una broma, han sido los hermanos Bertrán los que se han adelantado al pueblo y han inscrito el Castillo a su nombre. Para colmo, fue un auto regalo de reyes que se hicieron los mencionados hermanos ya que la inscripción en el Registro de la Propiedad de Mula a título de herencia la hicieron en vísperas de los Reyes Magos de Oriente. Paradojas del destino.

          Según el historial registral dado a conocer por Gil Ledesma, el Castillo fue inscrito en 1942 como finca urbana «un antiquísimo castillo con sus muros exteriores, todo en lamentable estado de ruina y destrucción, sito en la cúspide de la montaña en cuya falda del mediodía está asentada la ciudad de Mula, valorado en 250 pesetas…»[4]

Seguir leyendo: https://juangutierrezgarcia.files.wordpress.com/2011/10/la-c3baltima-batalla-sobre-el-castillo-de-mula.pdf

Castillo de Mula. 20

 

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