Los Tambores de Mula. Historia de una pasión

          El pasado sábado salió a la venta el libro “LOS TAMBORES DE MULA. Historia de una pasión”. El libro trata sobre el origen y nacimiento de la tamborada, con aportación de nuevos documentos y teorías, así como la persecución sufrida por los tambores durante casi dos siglos.  También podemos ver la evolución histórica de sus costumbres y un análisis del momento actual con la desaparición de ritos y símbolos tradicionales y el brote de nuevos elementos que poco favorecen a nuestro folclore popular.

Página 41:

El sentir de un viejo tamborista.

          No es fácil que uno acepte que la vida ha cambiado, que se está haciendo viejo. Pero, poco a poco, la realidad te va superando, te va dejando atrás. Uno, inconscientemente, intenta agarrase a ella, como si le fuera la vida en ello, pero un día ves que no puedes, que se te escapa de las manos. Al final, te das cuenta que esa realidad no es la tuya, que no pertenece a tu mundo, que prefieres aquel pasado cargado de sentimientos encontrados.

Como todos los años, antes de la media noche del Martes Santo acudo con ilusiones renovadas a la plaza del Ayuntamiento a vivir La Noche de los Tambores de Mula. Sin embargo, desde hace algún tiempo abandono esa plaza decepcionado, triste, casi melancólico con la promesa de no volver, pero al año siguiente la Llamada de la Tamborada es más fuerte que mi promesa.

Y es que, La Noche de los Tambores ha cambiado tanto… Demasiado. Hasta hace pocos años, la Tamborada iba cada año a más, los ritos recuperados y los que se habían introducido complementaban perfectamente con el sentir de muchos tamboristas con nuestro pasado: toda la plaza de negro percalina, el duende en la oscuridad de la plaza, palillos arriba, el latido del corazón, el reloj, el cornetín o trompeta.

Pero en los últimos años, de la tradición se ha hecho una fiesta y de las costumbres una juerga. Ya no es el negro percalina de los tamboristas el que domina la plaza, ni los tambores respetan la hora de la “tocada”. El sonido envolvente de los palillos se ha sustituido por el poco agradable grito de ¡Oé oé oé oé… oeee oeeeee!, como si de un partido de futbol se tratara. El emotivo latido del corazón que nos llegaba a las entrañas, también lo han acallado con un no menos desagradable grito de, he, he, he, he, he, como si estuviéramos en un concierto rockero. El toque del cornetín o trompeta que tanto nos emocionaba y motivaba a muchos muleños, ha sido sustituido por una “fanfarria” tocada por una ensalada de instrumentos que suenan a charanga o comparsa y que para colmo, ahora hasta se corea. Todos estos desafueros han contribuido al desarraigo de muchos viejos tamboristas a la plaza; ya no acuden como antaño.

Es posible que yo esté equivocado, que esté ya carroza, es posible. Pero ahora La Noche de los Tambores parece una verbena, una juerga. Ya no se va a tocar el tambor, se va a la fiesta, a divertirse, darle rienda suelta al cuerpo, al alcohol, sólo tienes que ponerte la túnica y ala, al jolgorio. Ya no necesitas tambor, el cubata es el complemento ideal, eso parece. La verdad es que me da pena, rabia, ver el camino que han tomado los tambores, no tienes mas que plantarte en una esquina y verás pasar grupos de jóvenes sin tambor, sin fuste. Ha nacido una nueva figura: el nazareno del cubata.

Ya no es como antes, que va, antes estabas deseando que llegara la noche del Martes Santo para tocarlo, lo anhelabas. Ahora no, ahora en cuanto se huele a fiesta, en cuanto suenan las campanas, sacamos el tambor a la calle, ya no está desalmado y colgado en la cámara, que va. Ahora está a mano, apunto de un apriete y a la calle, da igual que sea el Entierro de la Sardina, que las Fallas o el Mercadillo de las Cuatro Plazas, da igual.

Sin embargo, ahora los meses, los días previos a la Semana Santa ya no hay ambiente tamborista como antes, ya no se escucha el sonido de los tambores salir de las casas, ni tan siquiera en los talleres artesanos. En mi época cuando llegaba la cuaresma ya estábamos descolgando el tambor, probando las pieles, soltando las muñecas, dando el follón a los vecinos menos tolerantes. Al rato teníamos allí a los municipales, cuando se iban comenzábamos de nuevo. Se vivía el ambiente.

Tal vez me haya convertido en un sensiblero, en un nostálgico con recuerdos de pana vieja, tal vez. Pero antes en La Noche de los Tambores se respiraban sentimientos en la plaza, te emocionaba el latido del corazón en el silencio de la noche y te ponía la piel de gallina el cornetín o la trompeta con ese toque de silencio. ¡Que tiempos, que recuerdos! Ya no tiene ese ambiente tradicional, pasional entre tamboristas. Ya no se ven esas pánganas, esos piques entre artesanos. Pero en fin, seguiré acudiendo a la Llama de la Tamborada a sentir, a vivir, a gozar la Noche Mágica de Mula.

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Una respuesta a Los Tambores de Mula. Historia de una pasión

  1. Enrique Guevara Pérez dijo:

    Estimado Sr.:

    Estaría interesado en adquirir su libro sobre los tambores de Mula en Semana Santa.
    Le agradecería me indicase cómo puedo hacerlo.
    Agradecido, reciba cordiales saludos.
    Enrique Guevara Pérez 651972669

    Me gusta

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