El Molino Pintado

  MULA: LEGADO HISTÓRICO EN RUINAS

El Molino Pintado

          Calle de las MonjasHacía tiempo que no salía dar una vuelta por el pueblo. Un paseo por esos barrios donde el tiempo parece que camina más despacio, sin prisa, sin atropellos. Por esas calles estrechas y empinadas que evocan en mí, recuerdos y sentimientos de otra época ya lejana mientras cientos de imágenes se atropellan en mi mente queriéndome trasladar a un pasado que ya no volverá. Calles en otros tiempos llenas de alegría, de vida, con balcones y ventanales rebosantes de colores y perfume a jazmín y azucena. Calles donde las piedras rezuman historia y huelen a leyenda.

          Pero ahora, estas calles están desiertas, tristes, donde el hierro forjado de esos ventanales y balcones encierra soledad, olvido, desesperanza. Un sentimiento de amargura me lleva a buscar vida en la oscuridad del resquicio de las puertas, en el reflejo de los cristales de esos balcones y ventanales coloristas en otro tiempo; solo encuentro una mirada perdida, ausente, tal vez, no era ni tan siquiera una mirada, era un alma abatida, cansada. Sobrecogido por el aspecto desolador de las calles donde corría y jugaba de niño, me senté en el portal de piedra rojiza de un viejo caserío deshabitado; una brisa de aire húmedo y rancio salía por las rendijas de sus recios portones carcomidos. Confuso, miraba a un lado y otro de la calle Las Monjas, la calle que me vio nacer y crecer, buscaba esa alegría Molino Pintadoinocente que en mi infancia brotaba por todos los rincones del barrio, pero, nadie, no se veía a nadie, solo vacío, añoranza, pena. Un buen rato estuve allí sentado, absorto, perdido en mi pasado, rebuscando en mis raíces. Seguí mi camino.

          Andando y pensando, sumido en mis recuerdos de niñez por estas callejuelas, me topé con el Molino Pintado, un edificio dieciochesco, amplio, sobrio, construido a base de ladrillo de adobe y tapial sin ningún tipo de ornamento destacable. Resaltan, negativamente, los vanos y burdas rejas añadidas con el paso del tiempo, y sobre todo, un largo tubo de cemento que sale de la fachada a modo de chimenea como si de un mástil que espera su bandera se tratara.

          La puerta de la sala de molienda estaba abierta, la curiosidad y el deseo de saber me empujan hacia adentro. Después de pedir permiso y saludar al dueño, este me invita amablemente a pasar. Paco, así se llama el molinero, es una persona afable en el trato, tranquilo y seguro en sus expresiones, no pone ningún reparo a miCalle Molino Pintado deseo de sacar algunas fotos.

     -Echa las que quieras pero como ves, está todo manga por hombro.

Mientras voy disparando con mi cámara, observo el mal estado en que se encuentra el inmueble. La estancia se ha convertido en un cuarto trastero lleno de enredos inútiles e inservibles. Pero lo que me llama poderosamente la atención son las grandes grietas existentes en algunas paredes y especialmente, el apuntalamiento de la techumbre en algunas zonas. Tras preguntarle por esta circunstancia, Paco me comenta:

     -Hace unos años fui al Ayuntamiento a pedir una subvención para restaurar el edificio pero no me hicieron mucho caso.

Se le notaba dolido, triste, resignado al destino de su molino, continúa diciéndome:

  Azud y acequia mayor   -Yo ya estoy viejo para arreglarlo y con mi pensión poco puedo hacer. Mi idea es venderlo a alguien  que quiera conservarlo y lo arregle, pero con los tiempos que corren…

Esto me deja preocupado y así se lo hago saber:

     -Pues, es una lástima que dejen derrumbarse el molino, ya no quedan muchos y esto forma parte de la historia del pueblo.

Salimos fuera, el sol apretaba de lo lindo. La placa con el nombre de la calle situada en un añadido postizo al edificio principal llama mi atención:

     -Paco, quien dio nombre a quien, la calle al molino o…

    -No, no -se apresura a decir-, fue el molino el que dio el nombre a la calle, si miras allí verás que todavía se ve pintura en la fachada.

Efectivamente, bajo el amplio alero del tejado se ven unas figuras geométricas de color bermejo. También en algunos ladrillos del mismo alero y fachada se aprecian restos de pintura descolorida por el paso del tiempo. Trajinando, dejo a Paco en el pequeño huerto que tiene frente a la vivienda mientras me alejo. Tras de mi, queda el viejo molino silencioso, quieto, inservible.

          Hace tiempo, demasiado tiempo ya, que las aguas del Río Mula no mueven los molinos situados a la ribera de la Acequia Mayor. Tiempo atrás, parte de estas aguas eran desviadas acequia arriba y conducidas por una canal hasta el Molino Pintado. Una vez aquí, el agua se precipitaba por un cubo de unos ocho o diez metros de altura y cincuenta o sesenta centímetros de diámetro sobre un artefacto con forma de embudo llamado saetillo, cuya misión era regular la presión del agua y dirigirla hacia los álabes o paletas del rodete situado en la cárcava bajo la sala de molienda. La fuerza del agua hacía girar el rodete o rodezno y este transmitía su giro a la muela volandera por medio de un árbol de madera y un palahierroTorba y armazón encajado en este que atravesaba la bóveda y pasaba por el orificio central de la muela fija o solera asentada en el pedestal; el palahierro era fijado en la lavija acoplada en el ojo de la muela giratoria para transmitirle la fuerza del rodete. La tolva situada encima del armazón o guardapolvos era la encargada de suministrar el grano de forma regulada por medio de un simple mecanismo. El grano caía a las moleras por el ojo de la piedra móvil, la cual, regulaba su altura el molinero por medio del aliviador dependiendo del tipo grano y harina que se quería extraer. Una vez molturado el grano, la harina salía por un canalillo hasta el harinal donde se dejaba enfriar para ser cernida antes de echarla al costal.

          Dos juegos de moleras tenía, tiene el molino de Paco en el pedestal, uno, el de la “morena”, era el encargado de moler el maíz, la cebada, el centeno…; el otro, la blanca y después la “francesa” era para el trigo por ser la muela más dura y fina para el grano. Miles, cientos de miles de costales de harina han salido del Molino Pintado desde que se levantara allá por el S. XVI, y ahora ¿qué?, ¿qué queda?, silencio, reposo, abandono. Pobre molino. Pobre molinero que ya no escucha el cántico de la morena, de la francesa. Pobre pueblo que se ha quedado sin su enésimo molino, el penúltimo, sin Molino derruidoque sus gentilicios hagan nada por evitarlo. Pobre Paco, pobre Mula.

          Penosamente, como tantas veces y de tantas cosas en este pueblo, hay que decir que el Molino Pintado, el cual da nombre a la calle donde se ubica, se encuentra en un estado lamentable, penoso; la maquinaria y aperos abandonados, el sistema hidráulico inservible y el edificio de la molienda casi en ruinas. A veces, la realidad es triste, nos duele, sin embargo, poco a poco hemos ido viendo (los más añejos) como molino tras molino, monumento tras monumento, se han ido arruinando hasta convertirse en un montón de escombro sin que nadie hiciera algo por impedirlo.

          Este parece ser el ocaso que le espera al vetusto Molino Pintado. El molinero, ya jubilado y sin capacidad económica para mantenerlo, ve con resignación como su molino, el que le dio de comer durante tantos años, tantos siglos, a él y sus ancestros, se arruina sin remisión. Las autoridades que en ocasiones tanto presumen de museos (algunos supuestamente de arte), no hacen nada por conservar este molino que por si solo es un auténtico museo cargado de mucho talento y esfuerzo y que en su día fue instrumento de supervivencia para la familia del molinero. Obras de ingenio, de artista hechas por manos callosas de hombres rudos curtidos por las penurias de la vida.

         Pero, parece que nuestro destino, el destino de los muleños es ver como se derrumba nuestra historia, nuestro pasado. Ver como languidece el legado natural y monumental que hemos heredado de nuestros antepasados sin ningún remordimiento, sin piedad. Es triste, pero hay que decirlo: el muleñismo se está perdiendo, casi se ha perdido, la mayoría de los muleños ya no le tiene apego a su pueblo, le han perdido el respeto, el cariño. Nuestra obligación es legar a nuestros hijos lo que hemos heredado de nuestros padres, a ser posible, mejorado.

Anuncios
Galería | Esta entrada fue publicada en Relatos y etiquetada , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s