Evolución histórica del regadío en Mula

           Desde épocas remotas, el abastecimiento de agua ha sido la prioridad del hombre a la hora de formar un asentamiento, de ahí, que la mayor parte de los pueblos antiguos se encuentren cerca de ríos y fuentes naturales. Con la invasión de la península por otros pueblos se fueron formando grandes urbes con  la consiguiente necesidad de suministro de agua para la población. Esta necesidad llevó al hombre a construir enormes obras hidráulicas para extraer y conducir el agua de ríos y fuentes hasta las ciudades mediante presas, azudes, canales y acueductos. ¿El comienzo del regadío?

          La falta de documentación referente a estos primeros siglos de la Edad Media no nos permite fijar una fecha, ni tan siquiera aproximada, del inicio del regadío como medio de producción agrícola. Hasta hace pocas décadas, se pensaba que fueron los árabes los que introdujeron el sistema de regadío tradicional en la Península Ibérica, en cierta manera, no les falta razón a los que piensan así. Sin embargo, cuesta creer que los romanos no aprovecharan las grandes infraestructuras hidráulicas que construyeron en España para regar sus huertos, y más si tenemos en cuenta los frutales que trajeron, como el peral, manzano, ciruelo y otros frutales.

          Pese a que en la Región Murcia son numerosos los restos arqueológicos  de época romana diseminados por todo el territorio, muy pocos, por no decir ninguno, son obra hidráulica de gran envergadura, aunque no dudamos que pudo haberla para el abastecimiento urbano, sobre todo de Cartago Nova, capital de un extenso territorio dominado por el Imperio Romano. En los últimos años, la mayor parte de los estudios arqueológicos e históricos sobre el tema del regadío de época romana en la región, están centrados en la zona de influencia de Murcia ciudad, sobre todo, en Contraparada, siendo casi nulos estos trabajos en el resto de la Comunidad Murciana. La búsqueda de restos romanos en este azud, están basados más en la leyenda y deseo, que en datos objetivos.

          El regadío en la Comarca del Río Mula es algo muy arraigado entre sus pobladores desde hace muchos siglos, incluso nos atrevemos a apuntar que fueron pioneros en el arte de regar la tierra por estas latitudes. No en vano, la única presa romana que se conserva (y quizá no la única que se construyera) en la Región de Murcia, se encuentra en el campo del Ardal, término municipal de Mula. Esta presa está situada unos 1000 m. aguas arriba de una gran villa romana con termas del S. II-V d.C. Junto a la villa se halla la conocida Fuente Caputa y unos cientos de metros más abajo restos de una posible calzada romana. Naturalmente, pensamos que la gran cantidad de agua almacenada en esta presa, que aún conserva 52m. de muro y un entramado de acequias, no solo era para consumo humano, también para regar el huerto y jardín de esta villae. Si bien, el sistema latifundista de la propiedad de la tierra en esta época nos lleva a pensar que el agua para el regar solo estaba destinada a los placeres de los patricios romanos. Pero, en este punto nos vemos obligados a comentar un artículo publicado en el año 1846 referente a la construcción de un pantano en el estrecho del Corcovado (actual pantano de La Cierva), en el cual el autor afirma que los restos que se encuentran en este lugar pertenecen a una presa de época romana o árabe. Estos restos, también mencionados por otros autores contemporáneos, nos reafirman en la tradición de regar la tierra de cultivo en Mula.

          Este estatus no cambiaría mucho durante los siglos de dominación visigoda. Tras la invasión árabe volvemos a tener noticias de Mula con la capitulación de Teodomiro en el año 713. En el documento conocido como Pacto de Tudmir, el conde visigodo entrega al hijo de Muza Ben Nasir las siete ciudades más importantes del condado entre las que se encuentran Orihuela que era la capital, Alicante, Lorca y Mula. Este manuscrito recoge un detalle muy importante para el tema que nos ocupa: el pago de los tributos. La contribución que tenían que pagar los cristianos por la capitulación era: 1 dinar, cuatro almudes de trigo, cuatro almudíes de cebada, cuatro qist de vinagre, dos de miel, uno de aceite y cuatro medidas de vino, si era esclavo pagaría la mitad. Como vemos, entre estos productos que tenían que pagar los cristianos no se encuentra ninguno que necesite irrigación, como frutas y hortalizas. Esto nos lleva pensar que no existía el cultivo de regadío común para la población, tan solo, los ricos hombres de la época disfrutaría de frutales en sus huertos.

          Tenemos que esperar hasta el siglo XIII para poder afirmar la existencia de un sistema de riego avanzado y consolidado en el tiempo. Aunque se conocen noticias de la segunda mitad del S. XI apuntando que Mula abastecía de víveres a la ciudad de Murcia, es en la centuria del XIII cuando las noticias son más específicas. A principios de este siglo el geógrafo árabe Ibn Said dice que Mula posee “huertos exuberantes”. Pero es la Crónica General de Alfonso X El Sabio la que nos hace una descripción de la huerta de Mula, dice así: “…es abondada de todos abondamientos de lavor de tierra et de todas caças de monte que a cunplida villa conviene, et heredamientos de vinnas y de huertos y de frutales de todas frutas, de montes et de grandes terminos et de buenas aguas,…”. Como se aprecia, la crónica alfonsí nos habla de una huerta con muchos frutales y buenas aguas. La importancia de Mula en época árabe y su situación geográfica en la falda de un cabezo rocoso coronado por la alcazaba, nos confirma que estas aguas del río Mula eran conducidas hasta la población por la acequia Mayor construida hacia el S. X-XI y que tiene su toma en el azud situado a unos 12 km río arriba.

         El sistema de riego que conocemos hoy día, poco ha variado del que heredamos de romanos y musulmanes: una presa o azud, una acequia principal con partidores en distintos puntos de su recorrido. De estos partidores derivan ramales de acequias menores que conducían el agua hasta las heredades y por medio de tablachos se desviaba el agua a los bancales. Una vez el agua en el bancal, era canalizada por medio de regueras hasta las distintas tablas donde se practicaba una pará en las letas o caballón para dar paso al agua hasta dichas tablas. Pese a que desconocemos como se hacía el reparto de agua, pensamos que existía vinculación entre esta y la tierra en aquella época musulmana. Tras la conquista de Mula en 1244 por el Infante Alfonso de Castilla, poco cambiaría el sistema de regadío con el repartimiento de tierras para los conquistadores.

          A partir del siglo XIV con la repoblación del reino y la Comarca del Río Mula, lleva al concejo muleño a roturar nuevas tierras para cederlas a los nuevos pobladores. Es muy posible que esta nueva situación de la huerta de Mula fuera el comienzo de la separación del agua y la tierra y la introducción de los partidores de agua, y como siempre, de forma espontánea o no regulada. A partir del siglo XVI, la documentación existente en el Archivo Municipal de Mula nos permite asegurar  la separación real del agua y la tierra y la existencia de los conocidos como “señores de agua”, estos vendían el agua al mejor postor en sesiones conocidas como “concierto”(subasta de agua). El sistema de distribución era el siguiente: el agua que bajaba por la acequia mayor era repartida en tandas que duraban veinte días (después pasarían a veintiuno), comenzando de nuevo al término de la misma. El caudal se dividía en los partidores en cinco hilas y estas a su vez en cuartos, cada uno duraba tres horas. El concejo disponía de un cuarto para las necesidades de la población y era el responsable de regular el agua, de mantener la acequia mayor y reparar el azud, que a menudo era destruido por las crecidas del río.

          Con la constitución del Heredamiento de Aguas y las nuevas ordenanzas a principios del siglo XIX, los “señores del agua” cogerían las riendas del concierto y acequia mayor hasta su extinción en el año 1966. Tras la construcción del pantano de La Cierva en Mula el año 1914-1928. Se crea la Comunidad de Regantes en 1935 que sería la encargada de distribuir el agua embalsadas en el pantano propiedad de la Confederación Hidrográfica del Segura y posteriormente la parte correspondiente del Trasvase Tajo-Segura. Se amplía la huerta de riego, nuevos canales, nuevas acequias y de nuevo, tierra y agua van unidas, salvo las del heredamiento. Como ya apuntamos anteriormente, a partir de 1966 la Comunidad se hace con el control del sistema de regadío de toda la huerta y con los años va adquiriendo los “cuartos de agua” del Heredamiento hasta conseguir la propiedad total del agua y su unión con la tierra. La necesidad de agua por las largas sequías de la zona, lleva a la transformación del regadío en Mula. En 1989 entraba en funcionamiento el Sistema de Riego Localizado (riego por goteo), en su momento, fue uno de los sistemas más avanzados del mundo y con reconocimiento internacional.

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