La Arboleda

“Sueño, que escucho las hojas de aquellos plataneros bajo la fresca brisa que me ofrecen su sombra… ahora, cada vez que pase por allí, cerraré los ojos y seguiré soñando…”

Carmen Gutiérrez González

<No así, opinamos, con lo sucedido a la entrada de la población. Llegar a Mula por la carretera de Murcia era algo sensacional, un placer. Un recreo para nuestros sentidos. De una perspectiva típica y localista, pero familiar y agradable ese túnel de arboleda de verdor y de una estampa particular, la formada por la doble hilera de enormes plátanos… Ya ha desaparecido la estampa. Han sido brutalmente arrasados, su tala ha dejado el lugar “desmonterado”, desangelado, extraño. La nuevas técnicas y teorías han roto y truncado un paisaje muy querido por los muleños…” “Creemos que los árboles no matan, como tan poco un edificio. Las impericias y las imprudencias, si. Pero si estamos errados: ¿Por qué se plantan de nuevo árboles en las cunetas de las carreteras…?>

29-8-75  José A. Sánchez del Toro

          Así de indignado se mostraba Sánchez del Toro cuando escribió este artículo en el Programa de Fiestas de Mula del año 1975 denunciando el aspecto desolador que produjo la tala de los árboles situados a la entrada de Mula por la carretera de Murcia. Pocos meses después de esta tala, una foto publicada en este mismo medio el año anterior, plasmaba la triste imagen que había quedado sin los árboles.

          Estos Plataneros (Platanus Hispánica, de origen desconocido aunque se cree que son originarios de España hacia el S.XVII) fueron plantados a un lado y otro de la carretera Murcia-Caravaca abierta al tráfico rodado en 1865. La función principal de esta arboleda, en principio, era dar sombra y brisa fresca a las personas y animales que viajaban por esta polvorienta carretera en los tórridos veranos murcianos. El sol del verano, apenas si penetraba entre las espesas ramas pobladas de grandes hojas verdes que en el otoño se tornaban amarillentas para formar un espeso manto en el suelo. Dado su rápido crecimiento, altura y frondosidad, los plataneros, junto con algunas variedades de eucaliptos, se convirtieron en el cobijo de carreteras, caminos, avenidas o fincas particulares durante muchos años en la Región de Murcia y resto de España. Sirva como ejemplo la carretera Pliego, la Gran Vía de Mula (desaparecidas), Caravaca o Barranda. En definitiva, eran árboles muy apreciados en esa época, incluso hoy en día se siguen plantando a orillas de carreteras, parques y avenidas, como podemos ver antes de llegar al Niño y en el Parque de la Feria, o en otras muchas localidades de la región.

          Con la llegada del nuevo siglo, poco a poco, los vehículos de tracción animal fueron dando paso a los de motor y esta carretera entró a formar parte de la Comarcal 415 dependiente del estado y que en su día unía Alcantarilla con Ciudad Real pasando por Bullas, Moratalla, Socovos, Riópar, Alcaraz y Valdepeñas entre otras localidades, hasta que desapareció esta denominación con la llegada de las autonomías.

          El avance de la industria automovilística, sobre todo a partir del último tercio del S. XX, fue determinante para la desaparición de los árboles a orillas de las carreteras. Los automóviles son cada vez más rápidos y los de transporte de mayor tamaño, esto convierte a las arboledas en un peligro para la circulación, por lo que poco a poco los árboles van desapareciendo de las carreteras, sobre todo en curvas y puntos peligrosos del trazado. Sin embargo, la mente de los gobernantes de la época no evoluciona al ritmo de la industria para dar mejor solución a los nuevos retos de circulación, es más, su cerebro estaba anclado en el tiempo. Con estas premisas, no es de extrañar que en nombre del progreso se hiciesen auténticas barbaridades en Mula.

          Retomando el asunto que nos ocupa, en 1974 el gobernante de turno (imagino a nivel provincial) tomó la infame decisión de segar la hermosa alameda de plataneros que presidía la entrada a Mula por la carretera de Murcia, por no dejar, no dejaron ni el cartel de bienvenida a los forasteros. Después sería la de la carretera de Caravaca, la de Pliego y Gran vía. Aún recuerdo aquellos días en que las ramas de los árboles se estrellaban en el asfalto por la acción de las sierras dejando los troncos desnudos. Después eran los propios troncos los que caían al suelo pese a la resistencia que ponían a esas grandes sierras manejadas por dos personas apalancadas al mismo tronco. Por suerte, no sólo tengo estos tristes recuerdos, aún conservo en mi mente las arboledas de entrada a Mula por las tres carreteras. Incluso mis recuerdos van más allá cuando de muy niño, los zagales de la calle ayudamos a las monjas a cargar el camión de pollos que ellas criaban en el convento, como premio, el “camión de los pollos” nos dejaba en la alameda justo al lado del mencionado cartel. Para los zagales, era todo un lujo montar en camión allá por los años sesenta, después teníamos que subir hasta la calle Las Monjas andando, eran otros tiempos, desgraciadamente ya solo son recuerdos, ¿desgraciadamente?

           Ha pasado el tiempo, mucho tiempo, y no es la primera vez que me pregunto, ¿qué habría ocurrido si los muleños nos hubiésemos manifestado en contra de esta salvaje medida? No lo sabremos nunca, pero en otras localidades sus vecinos impidieron la tala de los árboles y hoy son un símbolo en estas ciudades. Esta acción ciudadana en defensa de los intereses de su pueblo, de su patrimonio, tristemente es impensable en Mula. Con más de medio siglo a las espaldas, jamás he visto en Mula una masiva defensa ciudadana ante tantas agresiones impunes que ha sufrido el patrimonio monumental y medioambiental de nuestro pueblo, el muleñismo brilla por su ausencia. Curiosamente, la manifestación popular más numerosa que yo recuerdo se produjo hace unos años para impedir el asentamiento de una gran empresa en la localidad, ¡qué cosas! Que bien habrían venido ahora esos puestos de trabajo que rechazaron los manifestantes.

          Volviendo al tema, aunque solo sea para dejar volar nuestra imaginación, retrocedamos 40 años, paremos esas maquinas y esas sierras y salvemos las arboledas de plataneros y eucaliptos que embellecen la entrada a los pueblos, salvemos la alameda de la carretera Murcia-Caravaca. Pongamos guardarraíles y otras medidas de seguridad para proteger a los conductores, hagamos otra carretera nueva. ¿Imaginan subir de romería con el Niño bajo la sombra de estos frondosos plataneros? ¿Imaginan hoy día esta carretera convertida en Vía Verde? ¿Imaginan ver esta carretera en camino de peregrinación? ¿Te lo imaginas?

          Tal vez, amigo lector, no te guste soñar porque el despertar te devuelve a la triste realidad, pero, ¡y lo feliz que es uno mientras sueña! Los recuerdos son fuente de sabiduría y vida para las personas, los buenos y los malos, sueña y vívelos.

Mula, 25 de julio de 2010   Juan Gutiérrez García

Nota: las fotos en blanco y negro están sacadas de los Programas de Fiestas de Mula.

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